Como buen aprendiz de escritor soy un apasionado de la lectura. Podría decir que prácticamente devoro libros.
Como todos, tengo mis autores preferidos, pero de vez en cuando me “castigo” leyendo a algún famoso e ilustre escritor que la experiencia me demuestra que no siempre tiene por que ser “digerible”.
Lo hago, no porque tenga especiales inclinaciones sadomasoquistas, sino porque creo que la única manera de poder opinar de las cosas, es conociéndolas. Y aunque he tenido gratas y sorprendentes experiencias como cuando leí “La saga/fuga de JB” de Torrente Ballester (aparte de sus 500 páginas, tenéis que reconocerme que el titulo ya asustaba), aún recuerdo cuando me obligué a leer “Mas allá del Bien y del Mal” de Nietzsche. Reconozco que tuve tomarme unos cuantos valiums para poder soportarlo.
A pesar de su gloria y de sus laureles, Borges nunca ha sido uno de mis escritores favoritos. Es más, con permiso de los pives de Tucumán y Córdoba, siempre me ha parecido un poco petardo.
Hace unos días llegó a mis manos un antiguo y breve cuento de Borges titulado: Los Cuatro Ciclos.
Básicamente y como homenaje a la tradición clásica griega, Borges plantea que sólo hay cuatro únicas historias en la Historia de la Literatura y que todas las demás historias contadas posteriormente, son únicamente variaciones de éstas.
Según él, tenemos La Iliada que es la historia de la conquista de una ciudad, La Odisea que es la historia de la vuelta, del regreso después de la batalla, Los Argonautas, que es la historia de un anhelo, de una búsqueda condenada desde el comienzo al fracaso, el Vellocino de Oro o el Santo Grial y por último está la muerde un dios, Odín o Cristo a mano de los romanos.
“Cuatro son las historias. Durante el tiempo que nos queda seguiremos narrándolas, transformadas”
De todas ellas, La Iliada, es mí preferida.
Yo, con todos mis respetos para el argentino, no creo que se trate de una conquista, ni siquiera creo que se trate de una historia de amor entre Helena de Troya y Paris o al menos no sólo.
Para mí La Iliada muestra lo mejor y lo peor de las personas cuando se encuentran ante un suceso extraordinario. Tan extraordinario como era la conquista de una ciudad que pasaría a ser la mayor conquista jamás contada.
Podríamos pensar que en nuestra tranquila y apacible vida actual ya no tenemos sucesos extraordinarios, pero las mañanas de cada Lunes o cada Viernes, mientras unos cuantos aqueos preparan sus naves, otros cuantos troyanos preparan las murallas de su Troya querida para la batalla que horas mas tarde se producirá.
Podríamos pensar que quedan muy lejos las aguas del mar Egeo y que nada tienen que ver con el polvoriento tartán de las pistas de Los Prunos.
Pero quizás si nos fijamos bien, y escudriñamos entre las huestes que cada semana se dirigen a la batalla, quizás, sólo quizás, podremos descubrir a algún Aquiles buscando la gloria por encima de la victoria. O al noble Príamo, rey de Troya, defendiendo a su ciudad y a su pueblo. A la bella Helena, siempre orgullosa y desafiante al destino. O al atormentado Paris, que lo tiene todo y lo pierde todo, reto tras reto. Incluso si nos fijamos bien también veremos al pillo Ulises, capaz de ver siempre una oportunidad donde otros solo ven problemas y a la fiel Andrómaca, esposa de Héctor, símbolo del amor filial y conyugal frente a la crueldad de la guerra.
A lo largo de La Iliada, se suceden pequeñas historias que van mostrando cómo son los personajes realmente.
Agamenón, rey de Micenas y líder de la coalición griega que quiere doblegar Troya, es el Bush de la época. Necesita controlar el paso de Los Dardanelos y así controlar el comercio que lo atraviesa hacia el Bósforo y el Mar Negro. Para ello se inventa sus propias “armas de destrucción masiva” en la figura de Helena de Troya, excusa perfecta para desencadenar la toma de Troya.
Agamenón es inteligente y ambicioso y no puede soportar la gloria y popularidad de Aquiles, ni que su hermano Menelao se haya casado con la bella Helena.
Agamenón está dispuesto a ganar la guerra al precio que sea. Bien sea usando a Briseida la sacerdotisa de Apolo o engañando a los troyanos con un gran caballo de juguete.
Agamenón representa la ambición por encima de la gloria. Es la antítesis de Aquiles.
En nuestras particulares guerras de Troya de cada Lunes o Viernes tenemos cada semana la oportunidad de elegir quién queremos ser.
En las últimas semanas algunas disputas sobre las reglas o el orden de los partidos se han sucedido.
Qué es más importante, la victoria o la gloria?
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1 comentario:
Sin ninguna duda la gloria.
Sin ninguna duda la amistad.
La felicidad extrema llega el día que toca en el menú de 8 euros de Chez Gargamel, un primero de langostinos y un segundo de cordero asado.
Abrazos amigo
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