Hoy he vuelto a ser pavita.
La verdad es que me sigo sintiendo un poco raro fuera de mi querido y decrépito club Alameda, pero esta semana debido a la debacle de mi logística doméstica (lo que nuestro líder espiritual califica como “El peor servicio de misión crítica que tenemos externalizado, no redundante y sin plan de contingencia”, Dios! lo que hace yacer en Accenture unos cuantos años!) no pude acudir a mi cita el Lunes y evidentemente no podía imaginarme una semana entera sin mi dosis palusa.
Todavía me escocía mi última derrota a la sombra de un pruno.
Pero hoy era diferente.
Nuestro querido guía había decidido juntar en el mismo lado de la pista a la “maldición de Yolanda” con mi propia maldición. La suerte estaba echada antes de empezar.
Yolanda es fuerte, perseverante (su posición en el ranking de fidelidad cotiza en el NASDAQ) , estoica…. Pero durante la temporada pasada fue atacada por una maldición. Nunca podía ganar si en la pista también estaba yo. Claro, eso lamentablemente, incluía las veces en la que yo era su pareja.
Rafa, que tiene un aura de padre protector, sobre todo al ver que Yolanda generalmente es la única dama los lunes, tiró de los típicos apaños en los despachos donde se formalizan las combinaciones de parejas, para acabar con la maldición. Lo intentó todo en sus combinaciones de partidos, con uno, con otro, incluyendo como ya he dicho nuestro propio emparejamiento. Llegó un día a sabotear un partido confundiendo la hora de comienzo de un partido de forma que no se presentó mi pareja y tuve que jugar solo contra dos. Nada. Fue imposible. La “maldición de Yolanda” era indestructible.
Pero Rafa , ya lo sabéis, es inasequible al desaliento (hay rumores sobre extrañas visitas a una meiga en Galicia este verano, acompañado de otros famosos palusos) y en el primer partido de la nueva temporada ahí estábamos otra vez, juntos, en la misma pista. No hubo dudas. Las alquimias habían surgido efecto y salí con el rabo entre las piernas. Comenzaba la leyenda del “anatema de Yolanda”. Allí donde Yolanda coincidiera conmigo en la pista, a mi lado o enfrente, vencería Yolanda.
Así que cuando me presente en la pista sabía que el cruce del Rubicón sería tranquilo.
Allí estábamos. Enfrente, una pareja de lanzaobuses, precedidos por su fama.
Bruno, que aún disfrutaba del sabor de la miel de haberme derrotado el viernes anterior y a su lado Raquel , mi primera blog-comentarista, concentrada, callada, con ese aire de seria serenidad que tienen las personas que les gusta hacer bien lo que están haciendo.
Pero hoy luchaban contra el destino.
La mitad de los primeros servicios de Bruno se estrellaban contra la red (que tuvo que ser sustituida al final del partido por la cantidad de agujeros), la mitad de los smash de Raquel , también. Yolanda se había propuesto quitarle el mote a otro famoso paluso. Era un muro. Encima, para mi sorpresa, todos mis mates entraban.
No había nada que hacer.
Después del primer 6-1, todo discurría plácidamente durante el segundo set.
Y por un instante pensé que el “anatema de Yolanda” estaba siendo demasiado cruel.
Un brillo extraño apareció en los ojos de Bruno y Raquel.
Un pequeño geniecillo se había alojado en nuestra pareja contrincante. De repente, la pobre Yolanda estaba recogiendo una pelota cuando empezaron a lanzarle pelotas asesinas ¡!!!
Solo fue un instante y el espectro se fue tal como vino, permitiendo que todo concluyera placidamente.
sábado, 4 de octubre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
Hola a todos,
Soy el famoso lanzaobuses del blog, es decir, Bruno. Cuando uno se hace famoso por lo borrico que puede llegar a ser, evidentemente nunca llegará a jugar al padel como Dios manda.
Me gustaría añadir dos o tres observaciones a la crónica del partido:
En primer lugar agradecerte, Fernando, que de algún modo has sido indulgente después del baño que nos propinasteis. Yo hubiera sido bastante más hiriente de haber sido la cosa al contrario.
En segundo lugar, aclarar que lo de los "pelotazos asesinos" a Yolanda fue totalmente accidental, aunque lo has dejado caer de soslayo intentando añadir a vuestra holgada victoria un halo de marrullería por nuestra parte que es totalmente incierto.
Por último, sólo decir que, hablando ahora en primera persona, yo soy como mi Atleti, capaz de ganar a los grandes de Europa y encajar un 6-1 con la misma elegancia... Quiero decir con esto que no bajes la guardia, que la ópera no acaba hasta que no canta la gorda y queda mucho año por delante.
Un abrazo y espero que sigas adelante con este blog, e incluso que los palusos y pavitas que lo leamos, que seguro que ya somos unos cuantos, lo vayamos alimentando con nuestras crónicas, denuncias, chismorreos, ... aumentando así el fenómeno deportivo-social Paluso.
Salu2, Br1.
Br1, en la pista nos encontraremos para volver a disfrutar y a aprender de tus "obuses".
Perdona mi "licencia" sobre "las pelotas asesinas"
Publicar un comentario