Hace unos días estaba en el baño cumpliendo con mis obligaciones
fisiológicas cuando cayó en mis manos el típico dominical que mezcla fotografías
a todo color de perfumes con chicas imposibles y de reportajes sobre guerras
olvidadas que explican en pocos párrafos conflictos que duran años.
Ya sé, ya sé que hay teorías al respecto que demuestran que para estos
menesteres es mucho más eficiente una revista del corazón, que aunque también
están llenas de fotografías a todo color de perfumes con chicas imposibles,
dedican un montón de páginas a explicar los sucesivos encuentros amorosos de la
ex-novia de algún famoso jugador de fútbol.
Bueno, aunque no quiero poner en duda esas científicas teorías sobre la
influencia de la visión de casas megalíticas en el tracto intestinal, uno tiene
sus preferencias y me cansa soberanamente la vida de los hijos de Ortega Cano.
El caso es que estaba hojeando el dichoso dominical cuando me topé con una
entrevista relámpago a un tal Miqui Otero. Digo relámpago, porque la entrevista
apenas contenía 10 preguntas, cubría una única página e incluía una fotografía
de cuerpo entero del susodicho que ocupaba la mitad de esa misma página. Os
podéis imaginar.
Aunque yo no había oído ese nombre nunca antes, Google que lo sabe todo o
casi todo, me dijo que Miqui Otero es un periodista habitual en varios
periódicos que acababa de publicar un libro. Claro, ese aroma catalán en el
nombre, en los tiempos que corren, le hacía inmediatamente sospechoso.
Sospechoso de pedirme un euro por leerle, de acusarme del asesinato de Julio
Cesar, de explicarme el origen claramente catalán de Colon o de exponer un análisis
exhaustivo de la balance fiscal entre la comarca de La Garrotxa y el municipio
de Mondoñedo.
Con más miedo que vergüenza comencé a leer lateralmente la entrevista y me
encontré con cierta retranca.
La pregunta ocho decía “¿Sois los escritores músicos frustrados?”. Miqui
contesta tranquilamente al periodista “Elimine la palabra músicos y habrá dado
en la diana. Frustrados, a secas; si no, no escribiríamos”. Qué grande. Por fin
un tipo sin pelos en la lengua que confiesa la auténtica realidad. Porque en el
fondo hacer algo que te gusta y enseñarlo, mostrarlo, no deja de ser la forma
de querer demostrar al mundo que puedes ser algo más, algo diferente.
A unos les da por escribir y a otros por jugar al pádel.
Los hay muy adictos que hacen ambas cosas.
Y los hay incluso quienes montan un tinglado con sistemas de puntuación
extravagantes, páginas web, blogs, listas de correo, acuerdos con prestigiosos
clubs deportivos…..
Frustración en estado puro.
Pero si no quisiéramos todos de alguna manera significarnos qué sería de
nuestros partidos de pádel. ¿Acaso existiría paluso?.
Todos tenemos algo que no nos gusta en nuestro trabajo, con nuestros
amigos, con nuestro cuerpo, con la familia cercana o extensa. Todos tenemos
algún sueño incumplido a la provecta edad que mayoritariamente nos caracteriza
(claro , sin tener en cuenta al “niño” con su insultante juventud).
Porque en definitiva qué es el pelo, sino un frustómetro. Un frustómetro
cuya escala no se rige precisamente de una manera ascendente aunque tampoco
inversamente proporcional sino todo lo contrario, o no. Porque esta escala es
particular e intima de cada uno. Cada uno de nosotros sabe qué puntos necesita
para llenarse de satisfacción, qué puntos necesita para olvidarse de esas
espinas, espinitas o espinazas que cada uno pueda tener clavadas.
Y así, con casi 15 de días de frustración acumulada sin poder aplacar. Después
de casi 15 días de parada navideña, Paluso ha vuelto esta semana a la carga.
El pavita del pasado viernes 11 inauguraba el nuevo año 2013.
Caras sonrientes y barriguitas bien alimentadas eran la tónica general de
la reentrada.
En mi pista dos viejos conocido, Felipe y Noria Cañero y un relativamente
nuevo componente paluso, Justo, también conocido en la intimidad como “el
Richaaaaaarr”.
Justo lleva ya casi un año entre nosotros, pero hasta ahora no habíamos
coincidido en la misma pista, aunque ya habíamos pasado alguna tarde en Chez
Gargamel.
Afortunadamente Paluso sigue dándome sorpresas y alegrías. Después de un
fin de 2012 en caída libre, con mi frustración a su libre albedrío, voy y me
encuentro a mi vera con el Richaaar. Un tipo tranquilo, sereno, con la
frustración bien controlada.
Un saque por allí, una bolea por allá, una dejada por acá, un mate por acuyá
y él solo se merienda a los buenos de Felipe Y Noria.
Buen comienzo de año.
Con Justo y un par de posts encaro el 2013 con un poco más de ventura. Va ser un gran año.


1 comentario:
Eh, agradezco sus generosas palabras, pero ni yo jugué tan bien ni usted tan mal, hombre. Jugamos los cuatro un buen y reñido partido, que ganamos por poco y que a mí me ha costado estar parado desde entonces ( los años, la espalda y la fabada de mi suegra, todo influye), que me hice daño y he estado guardando reposo y fuerzas.
A ver que tal hoy, que me he apuntado y ya veremos. Ya se sabe, los yonkis del pelo es lo que tenemos. Eso, y que al estar ahora parado y la Channing de baja, o salgo yo de casa o sale ella. Y ante la duda, pues salgo yo, claro.
También recomendarle para las deposiciones a Kierkegaard, cuyo mero nombre ya inspira existencialistas retorcijones. Muy bueno, de verdad, tránsitos intestinales asegurados. Pruebe, pruebe...
Ya me despido. Quería, por último, darle recuerdos de su antigua becaria. Como lo oye. Me encontré por casualidad a la camarada Ianova en unas maniobras conjuntas que hicimos las fuerzas especiales estas Navidades en Ciudad Real. Muy maja, la moza. Me dijo algo así como: " Continui sa ma grandesc si sa visez corpul tau frumos si gratios mai ales cand vine ziua de vineri dupa amiaza." Que no tengo del todo claro lo que significa, pero por discreción, lo dejaremos ahí.
Ale, nos vemos.
El Richaaaar.
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