El universo paluso está poblado por personas y personajes de diferente procedencia, diferentes vidas y diferentes intereses.
Cuando todos nos dirigimos a nuestro correspondiente partido, cada uno tiene su propia idea de lo que puede alcanzar.
Unos buscan la gloria, un poco más de pelo, batir al imbatido…, otros persiguen olvidar por un tiempo estreses y preocupaciones, habrá quién sólo querrá disminuir su índice de masa corporal y muchos sólo ansían compartir momentos y sensaciones con otros amigos que también quieren compartir momentos y sensaciones.
A veces nos dirigimos hacia las pistas con aire apagado porque hemos tenido un duro fin de semana, o porque ese día algún compañero del trabajo o jefe nos ha hecho ver que en las oficinas hay lobos y buitres, o simplemente porque el día ha amanecido de un gris tan intenso que se mete en la piel.
Otras veces nos levantamos con el corazón henchido, disfrutando de esa canción que suena en la radio, que nos hace olvidar el atasco que nos rodea y sabiendo que los buitres sólo comen carroña y además les huele fatal el aliento.
Sea como fuere, lo importante no es cómo se llega a La Alameda o a Los Prunos, sino cómo salgamos del vestuario.
Del espíritu que llevemos cuando salimos del vestuario y de lo que persigamos alcanzar va depender tanto el resultado del partido como sobre todo lo que disfrutemos del mismo.
Este lunes aunque el día amaneció soleado, mi mañana no había sido precisamente pletórica. Además una reunión de última hora se había extendido hasta las 14:15. Llegué jadeando a La Alameda. El vestuario ya vacío. Sólo Félix remoloneaba entre las perchas, terminando de ordenar la ropa y resistiéndose a salir hacia su enésimo reto con su esperado resultado habitual. A toda velocidad me cambié y cuando estaba a punto de salir me paré. Esto no era una obligación, no era un proyecto que había que entregar, no era una evaluación de desempeño, ni un informe de resultados. No.
Me volví a desnudar. Pero esta vez, de preocupaciones, tensiones y malos rollos. Britt Daniel sonó en mi cabeza con su guitarra limpia y desgarrada, llena de fuerza.
En la pista 2 me esperaban ya algo desesperados, Jesús Ángel “El Muro”, como compañero y enfrente Manuel “Birra” Díaz Hurtado con Jesús Fernández.
Independientemente del pelo alcanzado, los tres eran y son mejores jugadores que yo. En especial, Manuel marcaba la diferencia. Por una extraña coincidencia de puntos, de ausencias y de algún reto, nos encontrábamos en la misma pista.
Aparte de pelo, no tenía mucho que perder, por lo que me dije, relájate, disfruta, entrégate, como diría nuestro monarca, “corre mucho” y sobre todo aprende de lo que veas.
Y así lo hice.
Sin dudarlo, puedo decir que ha sido el mejor partido que he disputado en toda mi historia palusa. Los puntos fueron largos, golpes espectaculares, lucha y emoción hasta el último momento y sobre todo buen rollo.
Gracias Manuel y Jesuses.
Gracias no solo por dejar deleitarme con los mates de Manuel, las boleas de Jesus F. o el espíritu de lucha del Muro sino por hacerme recordar, quizá sin quererlo, que como siempre, disfrutar depende de uno mismo.
Lo que no me esperaba era que el día iba a terminar de una manera inesperada.
PD: ¿qué apuesto y conocido paluso se le vio en los vestuarios pidiendo con voz trémula una “pomadita”?
jueves, 10 de febrero de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Partidos tal luchados como el del lunes pasado me hacen replantearme la costumbre de volverme a la oficina corriendo. Y confirman dichos como los del sarna con gusto... Ciertamente fue un partidazo, de esos en los que se te olvida el PELO y la pela. Así, aunque seguimos siendo pobres y calvos, empiezas la semana con otro espíritu.
¡Un brindis! ¡Por muchos partidos así!
Publicar un comentario