domingo, 8 de marzo de 2009

El pingüino Emperador


Al finalizar el verano antártico, cuando todos los animales comienzan a abandonar hacia el norte ese paraíso blanco, regresa a su lugar de origen una especie única, el pingüino emperador.
A partir de ese momento, el comienzo del invierno mas duro de todo el planeta, las temperaturas emprenden un inexorable descenso que alcanzará niveles de 80 grados bajo cero y vientos de 180 km./h.

Todas las aves y mamíferos acuáticos huyen en busca de un clima más cálido, sabedores de que su permanencia en ese gélido ambiente supondría una muerte segura.

Sin embargo, estos pingüinos se adentran desde el mar, tierra adentro, hasta 100 kilómetros, en busca de su pareja del año anterior y en busca de un lugar apropiado donde tras el apareamiento y sin preparación especial, la hembra coloca su único huevo.

Las noches ya pueden llegar a durar 20 horas.

Y es aquí donde comienza la parte más fascinante de la historia.

Las hembras “traspasan” sus huevos al macho. Sólo tienen unos segundos para hacerlo. Si tardaran algo mas en la maniobra, si hubiera un fallo, un tropiezo, algo, el huevo se congelaría inmediatamente.

Después, todas las hembras marchan de vuelta al mar dejando a los machos al cuidado de los huevos.

A partir de ahí todos los machos se arremolinan formando una especie de colmena u hormiguero, todos juntos, prietos, constreñidos, intentando no perder la mínima caloría, rotando y turnando los individuos del frente exterior, que es el que soporta la temperatura más baja y el viento huracanado.

Y así durante dos largos meses.

En este desierto helado, no hay nada que comer. Los individuos llegan a perder la mitad de su peso.

En Septiembre, cuando el invierno toca su fin, las crías comienzan a nacer y es en ese momento cuando las hembras regresan para revelar a su pareja que vuelve al mar, exhausto, para alimentarse.

Si el huevo no ha roto todavía, vuelve a hacerse el traspaso en sentido inverso y cuando nazca, la hembra le alimentará con la reserva de pescado que transporta en su buche.

Cada hembra busca a su pareja y solo a su pareja y entre cientos de individuos se reconocerán por sus gritos característicos entre un vocerío estridente.

Esta es una historia épica, de confianza ciega, casi hasta de fe. Durante dos interminables meses la única esperanza de vida de su descendencia es que ella vuelva al mismo lugar del que partió y que él resista en medio de un infierno blanco.

El pádel es también una historia de pareja. Sólo cuando se tiene confianza, sólo cuando se toma el relevo cuando el/la compañera decae, solo cuando se sufre por ambos hay posibilidades de sobrevivir y de vencer.


Este viernes hubo fe, confianza y sufrimiento ……… Gracias.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Te has enamorado?

Anónimo dijo...

Coño!!! Que profundo!!! Nunca había visto a mi pareja de padel de esa manera. Claro, asi me luce el P-ELO. Prometo cuidar mas de mi güevito y, retornar antes de que mi compi se quede en los huesos a partir de ahora. Besos. Laly

Anónimo dijo...

Estimado Fernando: tengo el teclado inundado por las lágrimas. Qué sensibilidad!!!!! Pero no me queda claro quién es quién en la historia. Está claro que el huevo es la pelota, pero coño!!! yo juego siempre con tres y tu hablas de un solo huevo no de tres (¿los huevos tal vez son amarillos?). Cada pingüino es una raqueta eso está claro, pero carajo ¿acaso no hay cuatro en un partido de pádel? y ¿quienes son los jugadores? ¿acaso todo es una metáfora? Humm no entiendo nada...... además tampoco has dicho nada de la red, las paredes, verja etc.. repito no entiendo...me supera.....Jorge

Anónimo dijo...

además ya estamos en primavera, no hay nieve, ni frío, ni cuatro raquetas, ni red, solo una pelota y encimaes blanca y ovaladamente ovoide.....no entiendo....Jorge

Anónimo dijo...

Yo había entendido que el pinguino era la raqueta y el huevo la bola (en eso coincidimos todos, lo de que sea ovoide es para despistar). Por eso los pinguinos que golpean fuerte el huevo o los abandonan son malos (creoq que Fernando quiere simbolizar con esto al jugador que golpea fuerte y la bola se va a la calle lejos de la pista y luego no va a buscarla para recuperarla).

Si el pinguino simbilizase al jugador (que también pensé que era una posibilidad), el pinguino que guarda el huevo y no se lo deja a su pareja cuando vuelve representa al jugador que guarda a escondidas bolas en los bolsillos y que no se las da bolas a su compañero de pista cuando le toca sacar.

Vamos, un lío. Rafman

Fernando dijo...

Dios, qué paciencia !!!!

 
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